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Mors Aeterna.

Strigoi mort

La visita (1912)

sábado, 7 de marzo de 2009

Aquel día las sombras cubrían las calles bajo la sempiterna niebla de aquel vetusto trozo de tierra. La agonía del día llegaba a su clímax, mientras el velo nocturno acechaba el horizonte. Un día sumamente frío y sombrío, más de lo habitual tal vez. O sólo la caricia de la parca buscando otro espíritu al cuál acoger entre sus brazos.
Era un 19 de abril en Londres y aún pesaba la consternación en sus ciudadanos por la trágica caída del titán de acero...
Sin embargo él se encontraba ajeno a esta atmósfera, sólo se hundía en la cama ante los males que le azotaban por mortal enfermedad. Los dolores se intensificaban y su cuerpo no resistía ante la fatiga que se hacía de sus miembros. Abandonado a su suerte en aquella pensión londinense, postrado y agonizando, recibía una de sus últimas visitas. No siendo la más esperada.

- Buenas tardes, Abraham. Qué gusto volver a verle.

El enfermo, Abraham, miró hacia el rincón de la habitación. Sus ojos se desorbitaron, la sorpresa, el pavor y el dolor impidieron que pudiera articular palabra alguna.

- ¿No saludará a un viejo servidor? Qué ingratitud, después de gozar de la amabilidad y la hospitalidad de mi señor. Pero perdonaré su descortesía, veo que no está para saludos ni charlas. Siendo ese el caso, me remitiré a transmitirte el mensaje que mi señor ha encomendado a éste fiel sirviente.

Sus palabras se articulaban bajo un sabor cínico, casi cercano a la mofa. Pero el efecto de éstas era aterrador, pues su mirada felina y la palidez cadavérica de su rostro le daban un imponente aire macabro.

- Ejem! Mi señor envía los saludos a ud. y, a la vez, sus felicitaciones por la excelente BURLA FARSANTE que ha hecho con los secretos revelados acerca de su regia merced. Linda novela en realidad, seguro será de gusto de jóvenes de pensamientos livianos y sin mucho juicio. Pero no hace justicia a mi señor conde de Wallachia. Es por esta razón que se me había enviado para entregarle su cortesía y manifestarle infinita gratitud, pero veo que la fortuna le ha concedido a ud. esos dones de una manera mucho más generosa de la que yo pudiera proporcionarle.

El enfermo se aferró a la cama con todas las fuerzas que quedaban en su exangüe cuerpo. Intentaba gritar, pero no pudo hacer fluir la voz hacia afuera de su garganta.

-Me despido, sr. Abraham. Le deseo una muerte tranquila...
No, la verdad es que eso no le será posible. Si fuera otra la situación, yo cumpliría con mi cometido y también vería el final de sus días sumido en profundos dolores. Pero más rápido soy yo que su enfermedad, así que cedo a ella la labor de acabar con su vida. Nos vemos, si es que hay algo después de la existencia.

El misterioso personaje se descolgó por la ventana y desapareció, mientras la sorpresa no dejaba a Abraham. Ni siquiera siguió su trayectoria con la vista, sólo se quedó pasmado mirando hacia el rincón en dónde antes se posó su interlocutor. Ya en el límite de la sorpresa, recién pudo articular un profundo alarido. Éste se convertiría en lo último que pronunciara hasta el día de su muerte.

-¡¡¡STRIGOI!!!

Por Miguel Grammont 0 respuestas  

Introitus

domingo, 24 de agosto de 2008

Bienvenido, incauto visitante al frío rincón dónde moran los hijos de Caín.

La vida no es más que un pasajero respiro antes de desaparecer definitivamente, sin embargo moran en secreto aquellos que gozan de la muerte eterna, la agonía sostenida y perpetua por los siglos de los siglos...

... a menos de que sean liberados de su pena bajo el cruel filo o las violentas llamas.

Bendición le llaman los incautos a la capacidad de mantener los huesos en este mundo, desconocedores del dolor que trae la muerte en vida, el hambre, la agonía, la oscuridad, ganar una prolongada existencia al costo de perder la humanidad.

Pero no todo es desdicha, pues la sangre llama a la sangre, y los hijos de Caín bien saben cuáles son sus hermanos en esta vorágine, se organizan, reúnen, cantan y lloran al compás de la música y las velas. Ya sea en simples reuniones, consejos, fiestas u orgías, la eternidad se hace más llevadera en sociedad que masticando las desdichas en la soledad.

Ahora que sabes, a grandes rasgos, las dos caras de la moneda ¿Aún insistes en unirte?

No es tan simple, todo tiene su precio y éste se paga muy lento, tanto que tardarás varias vidas antes de poder pagarlo.

Aquí no hay fama, ni fortuna, tampoco placeres ni glamour. Sólo es una farsa de vida para aquellos que no quisieron entregarse a los brazos del descanso final.

Dicen que la sabiduría es un tesoro que se adquiere con el tiempo, y no dudo de que entre nosotros están los seres más sabios. ¿Pero de qué sirve ser lobo en una jauría de lobos?

En fin, hay un mundo oculto delante de esa vista tan corta que posee el simple mortal. Más allá de su mundo paranoico, su ego, su bajeza y esplendor.

Estamos nosotros en el medio.

¿Quieres unirte a nosotros?

Primero conócenos bien. Muy bien.

Te aseguro que cuando termines, no tendrás el mismo entusiasmo...

Por Miguel Grammont 0 respuestas  

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